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Una familia madrileña ha vencido a Bankia en cuatro juicios por la venta de preferentes a cada uno de los miembros de la familia. La entidad ha devuelto 700.000 euros a un matrimonio jubilado y a sus dos hijos, que han heredado una empresa metalúrgica ubicada al sur de Madrid.
A diferencia de la estrategia adoptada durante las primeras vistas, Bankia no ha recurrido la sentencia y ha entregado el dinero en los juzgados. El matrimonio compró 625.000 euros en preferentes al confiar en el director de su oficina, a quien conocían de toda la vida –llevaba 40 años trabajando en la misma localidad–.

La pareja solía invertir sus ahorros en plazos fijos y en productos financieros seguros aunque con bajo rendimiento. Pero el director de la sucursal, que había acudido a una convención con la anterior cúpula del banco, les presentó la oferta. Entusiasmado el empleado animó a su familia a comprar aquel producto innovador, que otorgaba intereses del 7%.
Fueron unos de los primeros inversores en preferentes y cedieron su dinero aún antes de estar disponibles los folletos de la emisión.

Primero los padres, después los hijos

Desde mayo de 2009 hasta marzo de 2011, el matrimonio invirtió 378.000 en las preferentes. Tan buen resultado daba, que sus dos hijos siguieron a los padres e invirtieron su dinero en la entidad. El hijo entregó 100.000 euros adicionales, la hija, otros 100.000 euros y la esposa añadió 47.000 euros más.

Mientras cobraron los elevados intereses, todo transcurrió de forma satisfactoria pero las alarmas se encendieron cuando la familia dejó de percibir el rendimiento. Al acudir a la oficina, descubrieron que el cobro de los intereses estaba atado a varios condicionantes, entre ellos, la existencia de fondos y provisiones suficientes. Las preferentes se habían convertido, de la noche a la mañana, en un producto tóxico que había atrapado los ahorros de toda la familia.

El mecanismo financiero

Las cuatro sentencias construyen el argumento jurídico que ha desmontado a las preferentes desde su creación. Además de la base de que los usuarios desconocían la naturaleza del producto (conocido en términos jurídicos como vicio de consentimiento), las sentencias también se basan en la vulneración de la ley del mercado de valores y la ley de consumidores y usuarios.

Las preferentes fueron un engendro financiero de difícil definición, pero constituyeron una excelente herramienta para que las cajas ampliaran de forma rápida y segura su capital. “Fue un producto excelente para las entidades, pero pésimo para los usuarios.
Los bancos convertían el pasivo en activo, pasaban de provisionar a tener provisiones y de pagar impuestos a desgravar. Todo en una misma operación”, explica el abogado Salvador Peña, socio del despacho de abogados Peña, Ochoa & Granados, que defendió a la familia.

Los suscriptores, sin embargo, entregaron su dinero como si se tratara de una compra de acciones, con la diferencia de que no tenían participación en el capital ni derecho a voto.

La familia, que ha recuperado todo el dinero, más los intereses, volverá a sus inversiones de siempre: plazo fijo y deuda y bonos del Estado.

Texto Original : Economía Digital

Autor: David Placer

 

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