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Te presentamos a J.

J es franquiciado de una marca emergente. Le va bien, muy bien, lleva un año con ellos y hasta el momento las quejas se limitan a problemas muy puntuales con el suministro desde la central. El panorama es idílico, cierto, pero esconde infinitas horas de trabajo, algún que otro desvelo y jornadas maratonianas al frente de la tienda. J ya no sabe si vive en ‘juernes’, ‘miernes’ o, directamente, en un eterno lunes. Un día comunican a J que a su cadena la va a comprar otra más grande, más fuerte, más emergente, más todo… Entonces, aflora la inquietud de nuestro emprendedor en cadena. Las dudas brotan con fuerza. ¿Y si los nuevos propietarios quieren introducir cambios en el modelo de negocio, lo que implicará nuevas inversiones? ¿Y si no estoy de acuerdo con el rumbo que quieren dar ahora a mi franquicia? ¿Y si…?Veamos, a continuación, si podemos resolver las inquietudes de J. En qué situación queda J?

Como punto de partida, aclarar que cada proceso de fusión o absorción es un mundo, que depende de la dimensión y condiciones de los protagonistas. Hecha esta aclaración, Pablo Gutiérrez, director general de operaciones de mundo Franquicia Consulting, explica que puede haber casos donde interesa mantener las marcas por separado, para no incurrir en conflictos de zonas de influencia y/o exclusividad. “En otros supuestos, lo idóneo es unificarlas y así generar economías de escala”. Miguel Ángel Oroquieta, socio director de T4 Franquicias, advierte que el asociado de la enseña absorbida juega un papel pasivo. “La decisión de llevar a cabo una operación de este tipo corresponde al franquiciador, el dueño de la cadena, quien, no obstante, la suele adoptar fijándose también en el beneficio de sus asociados”. Pero esta ‘pasividad’ no implica indefensión. Miguel Armijo, socio-director de Negocio Franquicia, aclara que, en el contrato de compraventa entre empresas, debe quedar reflejado el modo de proceder respecto a los integrantes de la red absorbida. “A su vez, estos asociados dispondrán del contrato que firmaron en su día con el franquiciador que ahora vende la cadena; y a este documento se han de atener las partes”. En este sentido, el contrato es vinculante, “tanto para los antiguos como para los nuevos propietarios”. Los nuevos dueños quieren introducir cambios, pero J no lo ve claro.

Recordemos que nuestro querido J firmó un contrato con el antiguo dueño de la franquicia, donde se contemplaban las condiciones y las posibles modificaciones a introducir en el modelo de negocio, con el objeto de actualizarlo y adaptarlo a las necesidades del mercado. Los cambios que pueda sugerir el nuevo propietario, además, vendrán acompañados de sus correspondientes gastos –la central siempre te dirá que son inversiones-. A partir de aquí, lo lógico es que la central se reúna de forma individual con cada asociado, para explicar los cambios. “Si estos afectan al mobiliario, nuevos productos o servicios, nueva imagen… lo habitual es que no haya ningún problema y se siga adelante en la relación de franquicia”, explica Oroquieta. “Pero si se refieren a las condiciones económicas, que no es lo frecuente, el asociado estimará la conveniencia o no de continuar con el proyecto”. Grande o pequeña, “cualquier modificación que no esté prevista en el contrato firmado con el anterior propietario deberán contar con el consentimiento de los asociados”, aclara Gutiérrez. Para evitar posibles conflictos, el nuevo franquiciador puede optar por subvencionar –o financiar- esos cambios, algo bastante habitual y la postura más inteligente para garantizar la continuidad del franquiciado. En cualquier caso, “a la nueva central tampoco le interesa acometer transformaciones profundas”, señala Oroquieta. Y esto responde a la propia lógica de mercado. “Entendemos que esa marca que se absorbe está funcionando de manera óptima y le va a reportar beneficios, de ahí que lo sensato es no hacer cambios sustanciales e ir de la mano de esos asociados que ya conocen la operativa del negocio”. ¿Y si J no comparte el rumbo de los nuevos propietarios?

“La primera vía es recurrir siempre al diálogo para buscar un acercamiento entre ambas partes”, explica Oroquieta. “De no llegar a un entendimiento, habría que optar por rescindir el contrato, en los términos más amistosos posibles, para no dañar la imagen de marca”. Al hablar de resolución del contrato, Ricardo Peña, socio de Peña Ochoa & Granados Abogados, introduce el término jurídico de ‘novación’, que nos ayuda a entender cuándo se puede poner fin a la relación con la central.

Novación Modificativa: hace referencia a un simple cambio o alteración de algunos de los aspectos no fundamentales del contrato de franquicia. En este caso, el contrato se mantiene y no es motivo de extinción.

Novación Extintiva: hace referencia a modificaciones en elementos esenciales del contrato (modelo de negocio, marca…), sin el consentimiento expreso de un asociado que “tendría derecho a resolver el documento y reclamar indemnización por los daños y perjuicios causados”.

Armijo acerca otra posible salida. “En el caso de que la nueva estrategia represente inversiones adicionales, puedes efectuarlas si las estimas oportunas o esperar a una posible negociación, cuando se cumpla el periodo estipulado en el contrato”.

Si éste u otro ha sido tu caso y necesitas un abogado mercantil Madrid, podemos ayudarte en este tipo de problema con tu marca.

Artículo Extraído de la Revista Emprendedores

Autor:  Claudio Novoa

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