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La pasada semana Peña Ochoa & Granados representó a un exfranquiciado de una marca muy conocida de restauración. Por motivos de cautela procesal no podemos desvelar ni la identidad de mi cliente, ni tampoco la marca demandada. 

Estando vivo el procedimiento no podemos dar más detalles. Sin embargo, sí que podemos exponer la problemática con la que se encontró a la hora de invertir en una franquicia que estuvo en funcionamiento previamente y algunas precauciones si nos encontramos en este caso.

Un caso real: invertir en una franquicia en pleno funcionamiento

Allá por el año 2014 mi cliente estuvo interesado en iniciar una andadura empresarial en el mundo de la restauración. Como su profesión era diametralmente opuesta al ámbito mercantil donde quería emprender, decidió pedir información a una franquicia. Entendía que invertir en una franquicia era un negocio más seguro donde estaría siempre asesorado/apoyado por la marca.

Después de conversaciones con la marca y envío de documentación precontractual junto con datos económicos. A mi cliente le propusieron la opción adquirir un negocio “en pleno funcionamiento”. Es decir, un local que ya estaba administrado por un franquiciado.

Junto a la propuesta de traspaso, el franquiciador entregó a mi cliente unos supuestos datos económicos (identificados específicamente como datos reales y no estadísticas) de ése mismo locales, el cual durante los años anteriores había estado abierto al público. Este es el primer “señuelo”.

Las ventas brutas de un negocio: primera trampa

En el históricos de ventas que entregaron a mi cliente e identificado – no olvidemos- como datos reales, únicamente se hacía referencia a las ventas brutas o cuenta de explotación del ése local. Incluso se incluían algunos gastos fijos del propio negocio.

Al final del plan de negocio siempre se hace una referencia al resultado de la explotación, esto es supuesto beneficio para el franquiciado. En este caso, las cifras tornaban entre 2.000 y 3.000 € mensuales. Toda esta información a simple vista parece inevitablemente atractiva, además de fiable pues es el propio franquiciador quien te las entrega.

Se dio por buenas dichas cifras, pues fue el propio franquiciador quién entregó los datos. A mi cliente le hicieron entrega, una vez más, de un plan económico futuro para los próximos cinco años:

  • Año 1: Facturación Anual: 324.734 €/ 50.054 € Resultado de Explotación.
  • Años 2: Facturación anual: 340.971€752.968 €. Resultado de Explotación.

Con todos estos datos el franquiciado se hizo a la idea, o mejor dicho, tuvo la sensación de que ése local tenía buenos números en el pasado y que, con la ayuda de la marca, sería capaz de alcanzar los cifras que el propio franquiciado le indicó.

El franquiciador siempre habla de cifras de ventas pues es único dato que le puede beneficiar a la hora de comercializar su modelo de negocio. Más aún cuando el negocio que se pretende traspasar ha estado o está en activo. Sin embargo, generalmente se omiten datos económicos esenciales que ofrecerían al potencial franquiciado una foto real del negocio donde se está metiendo:

Imposición de precios de venta al público (PVP) en la franquicia

En este caso, y amparándose bajo el paraguas la homogeneidad entre todos los franquiciados, no te dejan poner los precios de venta del servicio que prestas en tu negocio. Es decir, no puedes establecer unos precios que cubran los costes o recursos que necesitas para prestar el servicio (luz, alquiler, aguas, gas, sueldos, seguridad social, etc.).

Imposición de proveedores homologados

Siempre se establecen unos proveedores que tienen el visto bueno del franquiciador en cuanto a garantías del producto. Si bien este aspecto puede ser un elemento lógico para la seguridad alimentaria del consumidor final, la realidad es que de este hecho subyacen otros que no benefician al negocio del franquiciado cuando no está pasando por un buen momento.

Por ejemplo, muchas veces el coste de adquisición de los productos es más caro que si se comprara en un mercado. El aumento de precio tiene su razón en el establecimiento de comisiones ocultas a favor del franquiciador.

Imposición de volumen mínimo de producto

En realidad, el negocio del franquiciador no es el canon que recibe del franquiciado. Si bien es cierto que supone un ingreso extra, no es el “Core” de su negocio.

Las franquicias de restauración, por lo general, obtienen la mayor parte del beneficio gracias a la distribución de los productos que el franquiciado tiene obligación de adquirir. De esta forma, es el propio franquiciador quien se convierte en la “Central de Compras” del franquiciado.

Imposición de Ofertas para los consumidores

La única manera en que presta la franquicia al franquiciado un asesoramiento continuado es mediante la creación de campañas o promociones. Estas iniciativas que aparentemente van enfocadas a aumentar el flujo de clientes, si tu negocio no está cubriendo los gastos, es en realidad una trampa. Pues tienes que adquirir el doble de productos, invertir el doble de recursos, para finalmente regalar la comida.

Estos son tan solo unos pequeños ejemplos de la información que el franquiciado no suele conocer, o que por lo menos desconoce, en el momento de decidir entrar a formar parte de una red de franquicias.

Realidad práctica: prevención

No olvidemos que esto no deja de ser un negocio. Es decir, el franquiciador no es un amigo/socio. Su interés es que entres a formar parte de red de franquicias para así poder ampliar su red, y como no, poder obtener una rentabilidad de tu trabajo.

Un ejemplo generalizado que nos solemos encontrar es que cuando tu negocio no va bien (no cubres gastos), la culpa siempre es del franquiciado pues tal y como dice el contrato “eres un empresario independiente”. Sin embargo, si el negocio de va bien no es gracias a tu trabajo, es gracias al exitoso modelo de negocio o Know How.

¿Significa esto que las franquicias son un engaño?

Lógicamente, no. Hay muchos pequeños franquiciadores que han conseguido consolidar con esfuerzo un modelo de negocio donde prima el principio “win to win”, y el cuidado del franquiciado. Donde la prioridad no es una expansión brutal, sino un crecimiento lento y seguro para ambas partes.

A la hora de invertir en una franquicia, busca asesoramiento especializado

El contrato de franquicia es producto tremendamente complejo tanto en la fase previa como en su ejecución.  En la actualidad, invertir en una franquicia goza de una normativa deficitaria que produce una grave inseguridad para el franquiciado.

Por ello y como elemento primordial que puede suponer la diferencia entre perder tu dinero o mantenerlo a salvo, antes de firmar ningún documento e invertir en una franquicia debes ponerte en contacto con un abogado especializado en contratos de franquicia.

¿Tienes dudas? Cuéntanos tu caso y te asesoraremos:

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